miércoles, 17 de junio de 2015

MODERNISMO




                   i bien el movimiento modernista no es exclusivo de la literatura, en este campo es donde se han notado más sus influencias y posiblemente por eso al hablar de modernismo en seguida pensemos en literatura, sobre todo en poesía. En este artículo presentaré algunos nombres de autores de lectura imprescindible para comprender este movimiento.

En sus comienzos no fue una corriente aceptada, quienes lo abrazaban eran tachados de extranjerizantes y decadentes, pero todo cambio cuando el indiscutible Darío hizo notar aquellos aspectos significativos de esta corriente, como ser un movimiento estético con valores profundos y con la capacidad de renovar la poesía de todos los rincones, con aires actuales.
El modernismo literario, si bien se hallaba fundado en corrientes europeas, se originó como tal en América Latina a finales del siglo XIX (1880 aproximadamente) y estuvo dividido en tres etapas bien marcadas: Inicio (se produce un intento de renovar la lengua), Culminación (grandes innovaciones en la poética y la consolidación del movimiento como algo continental) y Continuación (los nuevos autores se aferran a las reformas impuestas por Darío y realizan sus aportes sin salirse de las bases del movimiento).
Las características fundamentales de este movimiento fueron el ofrecer una forma para evadirse temporal o espacialmente de la realidad cotidiana a través de la evocación de otras épocas y de lugares lejanos o incluso exóticos; además quienes lo adoptaron buscaban la perfección y la belleza a través de imágenes y colores. En la expresión lingüística se notó la fidelidad al tipo de estrofas clásicas con algunas variantes modernas; además se emplearon helenismos, cultismos y galicismos y el culto a la perfección formal, con poesía serena y equilibrada.
Iniciación: Rubén Darío
Si hablamos de modernismo no podemos evadir el nombre de Rubén Darío, no sólo porque posiblemente sea quien acuñó este término, sino porque además fue uno de los precursores de esta corriente, que se impuso con uñas y dientes en todo el mundo.
Todo comenzó cuando Darío dijo en un Artículo sobre la obra del escritor Ricardo Contreras que tenía “un espíritu nuevo” y se afianzó cuando años más tarde utilizó el término “Modernismo” para referirse a esa poesía nueva que venía a renovar los aires de la lírica.
De todas formas antes de que el movimiento existiera como tal hubo ciertos autores que ya estaban experimentando con él, tal es el caso de Manuel Gutiérrez Nájera y José Martí.
José Martí nació en La Habana en 1853 además de poeta fue un político importante y estuvo presente en la Guerra de la Independencia de Cuba, donde perdió la vida. Su obra es importante para comprender el modernismo, pero además para captar el sentimiento de identidad del pueblo Cubano, ya que él con sus ideas y sus imágenes consiguió poner en palabras el bagaje cultural de su pueblo. Se lo considera, junto a Darío, como un precursor del modernismo.
Manuel Gutiérrez Nájera fue mexicano y nació en 1859. No sólo destacó como poeta sino también como periodista, habiendo realizado colaboraciones con importantes medios de la época. Se sabe que publicó muchas de sus creaciones bajo seudónimos, uno de los más populares fue: Duque Job.
Su obra que más podría ligarse al modernismo es “Cuentos frágiles“, además cabe mencionar que fue uno de los fundadores de la Revista Azul, la cual se dedicaba exclusivamente a difundir esta corriente literaria. Pese a que no salió de México, se interesó por la literatura europea, sobre todo proveniente de Francia, siendo muy influenciado por autores como Musset, Baudelaire y Leopardi.
Conclusión:
A partir de que Rubén Darío publicara la obra “Azul”, comenzó una etapa muy favorable para este movimiento que fue consolidándose y empezó a ser respetado. Puede decirse que en este fase del modernismo la presencia de Darío en este estilo fue indispensable y marcó un antes y un después.
Rubén Darío nació en Nicaragua el 18 de enero de 1867 y es sin lugar a dudas el poeta que más ha sabido influir en la poesía del siglo XX y principal representante del Modernismo.
Su obra Azul, una obra que recopilaba poemas y textos ya publicados en la prensa chilena, pese a que no tuvo un gran éxito al momento de salir, es seguramente una de las que mejor representa las ideas del movimiento. Cuando Juan Valera, un crítico importante de “El Imparcial”, un diario madrileño, habló sobre esta obra dijo que Darío era un prosista y un poeta con talento; gracias a esta opinión es que la obra de Darío llegó a Europa y comenzó a hacerse un escritor reconocido de este lado también.
José Asunción Silva nació en Bogotá en 1865 y se educó de forma autodidacta, educación en la que fueron de importancia magna sus viajes a París, Londres y Suiza. Pese a que su obra es más bien escasa, los poemas “Nocturnos” han sabido trascender y ubicarlo como un autor imprescindible del movimiento modernista.
Continuación
En esta etapa se consolida finalmente el movimiento y quienes lo abrazan aprueban a Darío como el fundamental responsable del mismo. Entre los muchos autores que destacaron en esta fase del Modernismo se encuentran Leopoldo Lugones y Amado Nervo.
Lugones nació en Córdoba en 1874. En su obra puede notarse una fuerte influencia del simbolismo francés, por el uso de numerosas imágenes y metáforas. Se lo considera uno de los poetas argentinos más emblemáticos de esta etapa y, aunque en parte de su obra se nota un nacionalismo naciente, su apertura mental y su capacidad de mirar más allá, ha permitido que su obra trascendiera su tiempo. Entre sus obras que más se distinguen como modernas podemos señalar “Crepúsculo del jardín”.
Nervo es un poeta mexicano nacido en 1870. Sus obras denotan una fuerte influencia de los poetas franceses de finales del siglo XIX a quienes pudo acercarse en su estancia en París, durante su juventud. Entre sus obras podemos destacar “El éxodo y las flores del camino” y “Jardines interiores“, sin lugar a dudas, obras que se destacan en esta fase del modernismo.
Existen muchos otros autores que podrían incluirse en este movimiento, aquí tan sólo he nombrado a los que se considera más representativos del modernismo. Cabe mencionar por último que también hay otros escritores, como Juan Ramón Jiménez, que han tenido etapas modernistas pero que por ser tan versátiles y completos no pueden ubicarse exclusivamente en éste.





            LAS VACAS DE QUIVIQUINTA

Francisco Rojas González

del Libro “El Diosero”

Los perros de Quiviquinta tenían hambre; con el lomo corvo y la nariz hincada en los baches de las callejas, el ojo alerta y el diente agresivo, iban los perros de Quiviquinta; iban en manadas, gruñendo a la luna, ladrando al sol, porque los perros de Quiviquinta tenían hambre…
Y también tenían hambre los hombres, las mujeres y los niños de Quiviquinta, porque en las trojes se había agotado el grano, en los zarzos se había consumido el queso y de los garabatos ya no colgaba ni un pingajo de cecina…
Sí, había hambre en Quiviquinta; las milpas amarillearon antes del jiloteo y el agua hizo charcas en la raíz de las matas; el agua de las nubes y el agua llovida de los ojos en lágrimas.
En los jacales de los coras se había acallado el perpetuo palmoteo de las mujeres; no había ya objeto, supuesto que al faltar el maíz, faltaba el nixtamal y al faltar el nixtamal, no había masa y sin ésta, pues tampoco tortillas y al no haber tortillas, era que el perpetuo palmoteo de las mujeres se había acallado en los jacales de los coras.
Ahora, sobre los comales, se cocían negros discos de cebada; negros discos que la gente comía, a sabiendas de que el torzón precursor de la diarrea, de los ―cursos‖, los acechaba.
— Come, m‘hijo, pero no bebas agua —aconsejaban las madres.
— Las gordas de cebada no son comida de cristianos, porque la cebada es ―fría‖ —prevenían los viejos, mientras llevaban con repugnancia a sus labios el ingrato bocado.
— Lo malo es que para el año que‘ntra ni semilla tendremos —dijo Esteban Luna, mozo lozano y bien puesto, quien ahora, sentado frente al fogón, miraba a su mujer, Martina, joven también, un poco rolliza pero sana y frescachona, que sonreía a la caricia filial de una pequeñuela, pendiente de labios y manecitas de una pecho carnudo, abundante y moreno como cantarito de barro.
— Dichosa ella —comentó Esteban— que tiene mucho de donde y qué comer.
Martina rió con ganas y pasó su mano sobre la cabecita monda de la lactante.
— Es cierto, pero me da miedo de que s‘empache. La cebada es mala para la cría…
Esteban vio con ojos tristones a su mujer y a su hija.
— Hace un año —reflexionó—, yo no tenía de nada y de nadie por que apurarme… Ahoy dialtiro semos tres… Y con l‘hambre que si‘ha hecho andancia.
Martina hizo no escuchar las palabras de su hombre; se puso de pie para llevar a su hija a la cuna que colgaba del techo del jacal; ahí la arropó con cuidados y ternuras. Esteban seguía taciturno, veía vagamente cómo se escapaban las chispas del fogón vacío, del hogar inútil.
— Mañana me voy p‘Acaponeta en busca de trabajo…
— No, Esteban —protestó ella—. ¿Qué haríamos sin ti yo y ella?
— Fuerza es comer, Martina… Sí, mañana me largo a Acaponeta o a Tuxpan a trabajar de peón, de mozo, de lo que caiga.
Las palabras de Esteban las había escuchado desde las puertas del jacal Evaristo Rocha, amigo de la casa.
— Ni esa lucha nos queda, hermano —informó el recién llegado—. Acaban de regresar del norte Jesús Trejo y Madaleno Rivera; vienen más muertos d‘hambre que nosotros… Dicen que no hay trabajo por ningún lado; las tierras están anegadas hasta adelante de Escuinapa… ¡Arregúlale nomás!
— Entonces… ¿Qué nos queda? —preguntó alarmado Esteban Luna.
— ¡Pos vé tú a saber…! Pu‘ay dicen quesque viene máiz de Jalisco. Yo casi no lo creo… ¿Cómo van a hambriar a los de po‘allá nomás pa darnos de tragar a nosotros?
— Que venga o que no venga máiz, me tiene sin cuidado orita, porque la vamos pasando con la cebada, los mezquites, los nopales y la guámara… Pero pa cuando lleguen las secas ¿qué vamos a comer, pues?
— Ai‘stá la cuestión… Pero las cosas no se resuelven largándonos del pueblo; aquí debemos quedarnos… Y más tú, Esteban Luna, que tienes de quen cuidar.
— Aquí, Evaristo, los únicos que la están pasando regular son los que tienen animalitos; nosotros ya echamos a l‘olla el gallo… Ahí andan las gallinas sólidas y viudas, escarbando la tierra, manteniéndose de pinacates, lombrices y grillos; el huevito de tierra que dejan pos es pa Martina, ella está criando y hay que sustanciarla a como dé lugar.
— Don Remigio ―el barbón‖ está vendiendo leche a veinte centavos el cuartillo.
— ¡Bandidazo…! ¿Cuándo se había visto? Hoy más que nunca siento haber vendido la vaquilla… Estas horas ya‘staría parida y dando leche… ¿Pa qué diablos la vendimos, Martina?
— ¡Cómo pa qué, cristiano…! ¿A poco ya no ti‘acuerdas? Pos p‘habilitarnos de apero hor‘un‘año. ¿No mercates la coa? ¿No alquilates dos yuntas? ¿Y los pioncitos que pagates cuando l‘ascarda?
— Pos ahoy, verdá de Dios, me doy de cabezazos por menso.
— Ya ni llorar es bueno, Esteban… ¡Vámonos aguantando tantito a ver qué dice Dios! —agregó resignado Evaristo Rocha.
Es jueves, día de plaza en Quiviquinta. Esteban y Martina limpiecitos de cuerpo y ropas van al mercado, obedeciendo más a una costumbre, que llevados por una necesidad, impelidos mejor por el hábito que por las perspectivas que pudiera ofrecerles el ―tianguis‖ miserable, casi solitario, en el que se reflejan la penuria y el desastre regional, algunos ―puestos‖ de verduras marchitas, lacias; una mesa con vísceras oliscadas, cubiertas de moscas; un cazo donde hierven dos o tres kilos de carne flaca de cerdo, ante la expectación de los perros que, sobre sus traseros huesudos y roñosos, se relamen en vana espera del bocado que para sí quisieran los niños harapientos, los niños muertos de hambre que juegan de manos, poniendo en peligro la triste integridad de los tendidos de cacahuates y de naranjas amarillas y mustias.
Esteban y Martina van al mercado por la Calle Real de Quiviquinta; él adelante, lleva bajo el brazo una gallinita ―búlique‖ de cresta encendida; ella carga a la chiquilla. Martina va orgullosa de la gorra de tira bordada y del blanco roponcito que cubre el cuerpo moreno de su hijita.
Tropiezan en su camino con Evaristo Rocha.
— ¿Van de compras? —pregunta el amigo por saludo.
— ¿De compras? No, vale, está muy flaca la caballada; vamos a ver que vemos… Yo llevo la ―búlique‖ por si le hallo marchante… Si eso ocurre, pos le merco a ésta algo de ―plaza‖…
— ¡Que así sea, vale… Dios con ustedes!
Al pasar por la casa de don Remigio ―el barbón‖, Esteban detiene su paso y mira, sin disimular su envidia, cómo un peón ordeña una vaca enclenque y melancólica, que aparta con su rabo la nube de moscas que la envuelve.
— Bien‘haigan los ricos… La familia de don Remigio no pasa ni pasará hambre… Tiene tres vacas. De malas cada una dará sus tres litros… Dos p‘al gasto y lo que sobra, pos pa venderlo… Esta gente sí tendrá modod de sembrar el año que viene; pero uno…
Martina mira impávida a su hombre. Luego los dos siguen su camino.
Martina descorteza con sus dientes chaparros, anchos y blanquísimos, una caña de azúcar. Esteban la mira en silencio, mientras arrulla torpemente entre sus brazos a la niña que llora a todo pulmón.
La gente va y viene por el “tianguis” sin resolverse siquiera a preguntar los precios de la escasa mercancía que los tratantes ofrecen a grito pelado… ¡Está todo tan caro!
Esteban, de pie, aguarda. Tirada, entre la tierra suelta, alea, rigurosamente maniatada, la gallinita “búlique”.
— ¿Cuánto por el mole? —pregunta un atrevido, mientras hurga con mano experta la pechuga del avecita para cerciorarse de la cuantía y de la calidad de sus carnes.
— Cuatro pesos —responde Esteban…
— ¿Cuatro pesos? Pos ni que juera ternera…
— Es pa que ofrezcas, hombre…
— Doy dos por ella.
— No… ¿A poco crés que me la robé?
— Ni pa ti, ni pa mí… Veinte reales.
— No, vale, de máiz se los ha tragado.
Y el posible comprador se va sin dar importancia a su fracasada adquisición.
— Se l‘hubieras dado, Esteban, ya tiene la güevera seca de tan vieja —dijo Martina.
La niña sigue llorando; Martina hace a un lado la caña de azúcar y cobra a la hija de los brazos de su marido. Alza su blusa hasta el cuello y deja al aire los categóricos, los hermosos pechos morenos, trémulos como un par de odres a reventar. La niña se prende a uno de ellos; Martina, casta como una matrona bíblica, deja mamar a la hija, mientras en sus labios retoza una tonadita bullanguera.
El rumor del mercado adquiere un nuevo sonido; es el motor de un automóvil que se acerca. Un automóvil en Quiviquinta es un acontecimiento raro. Aislado el pueblo de la carretera, pocos vehículos mecánicos se atreven por brechas serranas y bravías. La muchachada sigue entre gritos y chacota al auto que, cuando se detiene en las cercanías de la plaza, causa curiosidad entre la gente. De él se apea una pareja: el hombre alto, fuerte, de aspecto próspero y gesto orgulloso; la mujer menuda, debilucha y de ademanes tímidos.
Los recién llegados recorren con la vista al ―tianguis‖, algo buscan. Penetran entre la gente, voltean de un lado a otro, inquieren y siguen preocupados su búsqueda.
Se detienen en seco frente a Esteban y Martina; ésta, al mirar a los forasteros se echa el rebozo sobre sus pechos, presa de súbito rubor; sin embargo, la maniobra es tardía, ya los extraños habían descubierto lo que necesitaban:
— ¿Has visto? —pregunta el hombre a la mujer.
— Sí —responde ella calurosamente—. ¡Ésa, yo quiero ésa, está magnífica…!
— ¡Que si está! —exclama el hombre entusiasmado.
Luego, sin más circunloquios, se dirige a Martina:
— Eh, tú, ¿no quieres irte con nosotros? Te llevamos de nodriza a Tepic para que nos críes a nuestro hijito.
La india se queda embobada, mirando a la pareja sin contestar.
— Veinte pesos mensuales, buena comida, buena cama, buen trato…
— No —responde secamente Esteban.
— No seas tonto, hombre, se están muriendo de hambre y todavía se hacen del rogar —ladra el forastero.
— No —vuelve a cortar Esteban.
— Veinticinco pesos cada mes. ¿Qui‘húbole?
— No.
— Bueno, para no hablar mucho, cincuenta pesos.
— ¿Da setenta y cinco pesos? Y me lleva a “media leche” —propone inesperadamente Martina.
Esteban mira extrañado a su mujer; quiere terciar, pero no lo dejan.
— Setenta y cinco pesos de “leche entera”… ¿Quieres?
Esteban se ha quedado de una pieza y cuando trata de intervenir, Martina le tapa la boca con su mano.
— ¡Quiero! —responde ella. Y luego al marido mientras le entrega a su hija—: Anda, la crías con leche de cabra mediada con arroz… a los niños pobres todo les asienta. Yo y ella estamos obligadas a ayudarte.
Esteban maquinalmente extiende los brazos para recibir a su hija.
Y luego Martina con gesto que quiere ser alegre:
— Si don Remigio ―el barbón‖ tiene sus vacas d‘ionde sacar el avío pal‘año que‘ntra, tú, Esteban, también tienes la tuya… y más rendidora. Sembraremos l‘año que‘ntra toda la parcela, porque yo conseguiré l‘avío.
— Vamos —dice nervioso el forastero tomando del brazo a la muchacha.
Cuando Martina sube al coche, llora un poquitín.
La mujer extraña trata de confortarla.
— Estas indias cora —acota el hombre— tienen fama de ser muy buenas lecheras…
El coche arranca. La gente del “tianguis” no tiene ojos más que para verlo partir.
Esteban llama a gritos a Martina. Su reclamo se pierde entre la algarabía.
Después toma el camino hacia su casa; no vuelve la cara, va despacio, arrastrando los pies… Bajo el brazo, la gallina “búlique” y, apretada contra el pecho, la niña que gime huérfana de sus dos cantaritos de barro moreno.
                 

LITERATURA UNIDAD III





                        ANTE  UN  CADÁVER.
 

         ¡Y bien! Aquí estás ya..., sobre la plancha
donde el gran horizonte de la ciencia
la extensión de sus límites ensancha.

Aquí, donde la rígida experiencia
viene a dictar las leyes superiores
a que está sometida la existencia.

Aquí, donde derrama sus fulgores
ese astro a cuya luz desaparece
la distinción de esclavos y señores.

Aquí, donde la fábula enmudece
y la voz de los hechos se levanta
y la superstición se desvanece.

Aquí, donde la ciencia se adelanta
a leer la solución de ese problema
que solo al anunciarse nos espanta.

Ella, que tiene la razón por lema,
y que en tus labios escuchar ansía
la augusta voz de la verdad suprema.

Aquí está ya... tras de la lucha impía
en que romper al cabo conseguiste
la cárcel que al dolor te retenía.

La luz de tus pupilas ya no existe,
tu máquina vital descansa inerte
y a cumplir con su objeto se resiste.

¡Miseria y nada más!, dirán al verte
los que creen que el imperio de la vida
acaba donde empieza el de la muerte.

Y suponiendo tu misión cumplida
se acercarán a ti, y en su mirada
te mandarán la eterna despedida.

¡Pero no!..., tu misión no está acabada,
que ni es la nada el punto en que nacemos,
ni el punto en que morimos es la nada.

Círculo es la existencia, y mal hacemos
cuando al querer medirla le asignamos
la cuna y el sepulcro por extremos.

La madre es solo el molde en que tomamos
nuestra forma, la forma pasajera
con que la ingrata vida atravesamos.

Pero ni es esa forma la primera
que nuestro ser reviste, ni tampoco
será su última forma cuando muera.

Tú sin aliento ya, dentro de poco
volverás a la tierra y a su seno
que es de la vida universal el foco.

Y allí, a la vida, en apariencia ajeno,
el poder de la lluvia y del verano
fecundará de gérmenes tu cieno.

Y al ascender de la raíz al grano,
irás del vergel a ser testigo
en el laboratorio soberano.

Tal vez para volver cambiado en trigo
al triste hogar, donde la triste esposa,
sin encontrar un pan sueña contigo.

En tanto que las grietas de tu fosa
verán alzarse de su fondo abierto
la larva convertida en mariposa,

que en los ensayos de su vuelo incierto
irá al lecho infeliz de tus amores
a llevarle tus ósculos de muerto.

Y en medio de esos cambios interiores
tu cráneo, lleno de una nueva vida,
en vez de pensamientos dará flores,

en cuyo cáliz brillará escondida
la lágrima tal vez con que tu amada
acompañó el adiós de tu partida.

La tumba es el final de la jornada,
porque en la tumba es donde queda muerta
la llama en nuestro espíritu encerrada.

Pero en esa mansión a cuya puerta
se extingue nuestro aliento, hay otro aliento
que de nuevo a la vida nos despierta.

Allí acaban la fuerza y el talento,
allí acaban los goces y los males
allí acaban la fe y el sentimiento.

Allí acaban los lazos terrenales,
y mezclados el sabio y el idiota
se hunden en la región de los iguales.

Pero allí donde el ánimo se agota
y perece la máquina, allí mismo
el ser que muere es otro ser que brota.

El poderoso y fecundante abismo
del antiguo organismo se apodera
y forma y hace de él otro organismo.

Abandona a la historia justiciera
un nombre sin cuidarse, indiferente,
de que ese nombre se eternice o muera.

Él recoge la masa únicamente,
y cambiando las formas y el objeto
se encarga de que viva eternamente.

La tumba sólo guarda un esqueleto
mas la vida en su bóveda mortuoria
prosigue alimentándose en secreto.

Que al fin de esta existencia transitoria
a la que tanto nuestro afán se adhiere,
la materia, inmortal como la gloria,
cambia de formas; pero nunca muere.


                   

"Nocturno a Rosario"
por Manuel Acuña
(1849-1873)

El poeta se suicidó a los 24 años
por causa de este fatal amor
con una mujer casada.

Pues bien, yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto,
y al grito que te imploro
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.
De noche cuando pongo
mis sienes en la almohada,
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.
Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos;
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás;
y te amo, y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.
A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo
y mi alma no te olvida,
¡qué quieres tú que yo haga
pedazo de mi vida;
qué quieres tú que yo haga
con este corazón!
Y luego que ya estaba?
concluido el santuario,
la lámpara encendida
tu velo en el altar,
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar...
Yo quiero que tú sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías;
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.
¡Que hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo.
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos, un alma sola,
los dos, un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Díos!
¡Figúrate qué hermosas
las horas de la vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida,
y al delirar en eso
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no más por ti.
Bien sabe Díos que ése era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Díos que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!
Esa era mi esperanza...
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡adiós por la última vez,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores,
mi mira de poeta,
mi juventud, adiós!

domingo, 10 de mayo de 2015

COSTUMBRISMO



                                                                 Definición:
El costumbrismo literario es una composición que retrata las costumbres populares de un país o una región. Se cultivaba en España a mediados del siglo XIX y tiene su origen en el costumbrismo francés, representado por Honoré de Balzac en su Comedia humana (1842).
El costumbrismo español puede aparecer en prosa, verso o hasta en obras de teatro, pero tuvo su mayor manifestación en el cuadro de costumbres, que también se conoce como el artículo de costumbres.
La acción y el diálogo son escasos en este subgénero que describe escenas, color local, lugares, instituciones, costumbres y tipos de diferentes clases sociales. Puede tener un propósito didáctico, moralizador, humorístico o satírico. También tiene como fin salvar del olvido las costumbres típicas, especialmente las del campo, que comenzaron a perderse con la migración hacia las ciudades durante la Revolución industrial.
Pese a que el costumbrismo coexistía con el Romanticismo, se diferenciaba de este movimiento en su deseo de reflejar la realidad de manera objetiva, casi fotográfica, sin juicios ni interpretaciones --un rasgo que comparte con el periodismo--. El costumbrismo sirvió como punto de partida para el Realismo que surgió a mediados del siglo XIX, y para el Naturalismo del último tercio del mismo. Ramón de Mesonero Romanos, Serafín Estébanez Calderón y Mariano José de Larra son algunos de los exponentes principales del costumbrismo del siglo XIX.

                                           Obras y autores del costumbrismo

Jose Manuel Groot:
 
(Bogotá, 1800- id., 1878) Escritor colombiano. Colaborador de diversas publicaciones y católico ferviente, es autor de cuentos (El apóstol de los negros, 1859), de un poemario y de ensayos (Refutación analítica del libro de Mr. Ernest Renan, titulado Vida de Jesús, 1865; Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada, 1869; Defensa de los dogmas católicos, 1853).
Hipervinculo a la obra "La tienda de don Antuco":

Jose Maria Vergara y Vergara:
 
(Bogotá, 1831- id., 1872) Escritor y crítico literario colombiano. Organizó y dirigió la Academia Colombiana de la Lengua, creada a imagen de la Española. Es autor de poesías (Versos en borrador, 1869), cuadros costumbristas al modo de Fernán Caballero (Las tres tazas y otros cuentos, 1863) y novelas (Olivas y aceitunas, todas son unas, 1868), así como de una extensa obra de crítica literaria (Historia de la literatura en Nueva Granada, 1867).

Jorge Isaacs:
(Cali, 1837 - Ibagué, 1895) Escritor colombiano. Realizó sus estudios de primaria en la escuela de Cali y en Popayán y los continuó en la capital de la República entre 1848 y 1852.
Regresó a Cali sin terminar el bachillerato, debido a la difícil situación económica de su familia, lo que le hizo olvidar su sueño de ir a estudiar medicina a Inglaterra. Participó en 1854 en las campañas del Cauca, contra la dictadura del general José María Melo. Dos años después contrajo matrimonio con Felisa González Umaña. En 1860, volvió a tomar las armas y participó en defensa del gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez, contra el general Tomás Cipriano de Mosquera.
Un año después, fue nombrado subinspector de los trabajos que se realizaban en la construcción del camino de Cali a Buenaventura. Durante este año de labores en el campamento de La Víbora, en el clima adverso de las malsanas selvas del Dagua, aprovechando el descanso y las horas nocturnas, inició la redacción de su obra cumbre María. Allí contrajo paludismo, enfermedad que lo llevaría a una muerte prematura.
Renunció al cargo y regresó a Cali a terminar la redacción de la obra. El 16 de marzo de 1861 murió su padre, suceso que le obligó a dejar a un lado su afición por la anatomía, la botánica y la medicina y a dedicarse a salvar de la ruina las haciendas y negocios de su padre. No logró cancelar las deudas, motivo por el cual le entregó todos los negocios a su hermano Alcides.
De vuelta a Bogotá, se encuentra en 1864 instalado en la capital de la República como comerciante en un almacén donde vendía telas, herramientas y cristalería importada que anunciaba en los avisos de los periódicos. Por iniciativa de su amigo José María Vergara y Vergara, publicó su primer libro de Poesías (1864) e hizo su aparición literaria por mediación del grupo El Mosaico, donde Isaacs empezó a dar a conocer algunos de sus escritos. Representó al Tolima en el Congreso de 1868 y 1869. Fue conservador y en 1869 se convirtió al partido radical. Esta conversión no le fue perdonada por muchos de sus antiguos copartidarios y le causó burlas y rencores hasta el final de su vida. Fue nombrado Secretario de Gobierno del Cauca y simultáneamente Secretario de Hacienda (1870).
En 1871-1872 representó a los Estados Unidos de Colombia como cónsul general en Chile. En 1873 regresó nuevamente a Colombia y se dedicó a organizar la educación en Cali. Se preocupó por la calidad de la enseñanza en todos sus aspectos, tanto en preparación y capacitación de los maestros, como en dotación de los centros educativos. Promovió la educación de la mujer, procuró la creación de escuelas nocturnas, agrícolas y de oficios. Seguidamente, ocupó el cargo de superintendente general de Instrucción Pública Primaria en el Estado del Cauca (1875) y en el de Tolima (1883-1884).
En enero de 1880 se proclamó como Jefe Civil y Militar de Antioquia, pero como no encontró apoyo del gobierno central ni de su partido, tuvo que rendirse. Por tal motivo fue expulsado de la Cámara. Después de su fracaso como político en el intento revolucionario antioqueño, se estableció con su familia en Ibagué y abandonó la política. Rafael Núñez lo nombró secretario de la Comisión Científica en 1881 y comenzó su vida de explorador. Realizó su primer viaje desde Santafé de Bogotá hacia el estado del Magdalena, exploró la región occidental, los desiertos de Aracataca -donde descubrió yacimientos carboníferos-, visitó la Sierra Nevada y la Guajira.
Después de una pausa, reanudó sus exploraciones por la región meridional de Cundinamarca, donde descubrió cavernas con restos humanos muy antiguos. En noviembre de 1886 recorrió la zona de Sevilla, Aracataca, Fundación, Montería, Ronda y Masuga. Aquí también descubrió yacimientos de hulla, petróleo y fosfato de cal. Pasó sus últimos años en Ibagué con su familia, donde murió. 

AUTORES DEL REALISMO

                                        Autores del Realismo Mágico


Gabriel García Márquez
(1928 - Hoy en día)

Nació en Aracataca (Colombia) en 1928. Fue el máximo reresentante del Realismo Mágico, siendo Escritor, Guionista, Narrador. Estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Cartagena en 1947. Su amistad con el médico y escritor Manuel Zapata Olivella le permitió acceder al periodismo.
Desde 1953 colabora en el periódico de Barranquilla El nacional: sus columnas revelan una constante preocupación expresiva y una acendrada vocación de estilo. Su carrera de escritor comienza con una novela breve, La hojarasca. Funda la escuela de cine de Santiago de los Baños en Cuba, escribe diversos guiones para cine y televisión.
Algunas de sus obras: La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, Cuando era feliz e indocumentado, Cien Años de Soledad, Ojos de perro azul.
Mario Vargas Llosa
(1936 - Hoy en día )
Jorge Mario Pedro Vargas Llosa era su nombre completo; Nació en Arequipa, Perú el 28 de marzo de 1936. Su vocación de escritor se iba consolidando a la par que su carrera como periodista iba cediendo paso a sus nuevas obligaciones. Contrajo matrimonio con Julia Urquidi, quien era una tía política por parte materna. La pareja no tuvo hijos.
Llegó a obtener en Madrid el grado de "Doctor en Filosofía y Letras". En 1965, contrajo matrimonio con Patricia Llosa (prima suya) con la que tuvo tres hijos. A lo largo de su carrera, Mario Vargas Llosa ha recibido innumerables premios y distinciones como en el ámbito de las letras hispánicas: el Premio Rómulo Gallegos (1967) y, sobre todo, el Premio Cervantes (1994).
Isabel Allende
(1942 - Hoy en día)
Nació el 2 de agosto de 1942 en Lima, Perú escritora y dramaturga chilena. A partir de 1967 tomó parte en la redacción de la revista Paula, al tiempo que publicó artículos sobre diversos temas. Posteriormente realizó diversas colaboraciones para la revista infantil Mampato y publicó dos cuentos para niños La abuela Panchita y Lauchas y lauchones y una colección de artículos titulada Civilice a su troglodita; además trabajó en dos canales de televisión chilenos.

En 1981, comenzó a escribir La casa de los espíritus (1982), su primera novela y, su obra más conocida, más tarde adaptada al cine y al teatro. Tras la muerte de su hija Paula, Allende publicó el libro de memorias Paula (1994). Actualmente reside en San Rafael (California). Ha sido distinguida en la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos.



Jorge Luis Borges
(1899 - 1986)
Escritor argentino y una de las glorias de las letras latinoamericanas así como figura literaria del siglo XX. Es conocido especialmente por sus cuentos, ensayos y su obra poética. El 24 de enero de 1921 apareció el primer número de la revista literaria española Ultra, que era el órgano difusor del movimiento ultraísta. En Buenos Aires publica en la revista Cosmópolis (española), funda la revista mural Prisma, y también publica en Nosotros, dirigida por Alfredo Bianchi. En 1922 visita a Leopoldo Lugones junto a Eduardo Gonález Lanuza; lo hace para entregarle el segundo (y último) número de Prisma. En agosto de 1924 funda Proa junto a Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra; Alfredo Brandán Caraffa y Pablo Rojas Paz. En 1931 se publica el primer número de Sur.
Borges, además de cuentos escribió poesía, ensayos y una considerable cantidad de crítica literaria y prólogos. Editó numerosas antologías y fue un prominente traductor de inglés, francés y alemán (también tradujo trabajos de inglés antiguo y de noruego). Su ceguera, desarrollada al igual que su padre durante la edad adulta, influyó enormemente en su escritura posterior.
Algunos de los más importantes premios que Borges recibió fueron el Nacional de Literatura, en 1957; el Internacional de Editores, en 1961; el Formentor, en 1969; el Cervantes, en 1979; y el Balzán, en 1980. Murió el 14 de junio de 1986.



Carlos Fuentes Macías
(1928- Hoy en día)
Nació en Panamá en 1828. Recibió la influencia de notables personalidades de la esfera cultural americana, como Pablo Neruda y David Alfaro Siqueiros, entre otros.
Llega a México con 16 años, y entra en la Preparatoria. Se inicia como periodista colaborador de la revista "Hoy" y obtiene el primer lugar del concurso literario del Colegio Francés Morelos. En 1954 publica sus primeros cuentos titulados "Los días enmascarados", reunidos en la Colección Los Presentes. Al lado de Emmanuel Carballo dirige la "Revista Mexicana de Literatura", y "El Espectador" con Víctor González Olea y Enrique González Pedrero.
Durante los años 1960 vive en París, Venecia, Londres y la ciudad de México. En 1962 escribe "Aura", un relato (o cuento) que gira en torno a un enigma y que protagonizó un escándalo en México. En 1984 recibe el Premio Nacional de Ciencias, y en 1987, el Premio Cervantes.

Obras Más Destacadas


Autores representativos de este movimiento literario, y sus principales obras:


Gabriel García Márquez - Cien Años de Soledad
La novela más famosa del autor colombiano, relata la historia de un pueblo aislado, Macondo, y de la familia que lo fundó, los Buendía. El curso de esta novela se enfoque en los puntos decisivos mayores en las vidas de los Buendía: los nacimientos, las muertes, los casamientos y las relaciones amorosas. García Márquez introduce al mundo esta historia deleitosamente cómica pero, inherentemente trágica para demostrar la naturaleza pura de la humanidad. Por mezclar lo cómico y lo trágico, la muerte y la vida, la paz y la guerra, el pasado y el futuro, lo histórico y lo mágico, esta novela es el realismo mágico en su forma más brillante.

Laura Esquivel - Como agua para Chocolate
Ha significado un fenómeno muy interesante dentro de la cultura mexicana contemporánea. La primera novela de Laura Esquivel obtuvo muy buenas críticas y un gran éxito de ventas, algo muy difícil de lograr en un país en el que la gente lee muy poco. Calificada como ejemplo del realismo mágico, la novela logró traspasar los límites de la mera curiosidad y colocarse como el libro de ficción más vendido en México en los últimos veinte años.

Gabriel García Márquez - La hojarasca
El libro comienza con la muerte de un hombre el cual cierto día decidió ahorcarse, un medico odiado por toda la gente del pueblo. La historia es narrada por tres de los personajes, el coronel, la hija del coronel, y el nieto del coronel. En la obra el coronel hará hasta lo imposible para enterrarlo frente a la oposición del pueblo ya que tenia que cumplir una promesa. La historia se plantea en un pueblo llamado Macondo, este es un lugar con pocos años de antigüedad (30 aproximadamente) formado por los desplazados de las guerras civiles.
Isabel Allende - La casa de los espíritus
Esta novela le da importancia a la mujer y cuenta la historia de una familia chilena llamada Trueba. La familia contaba con un integrante que era déspota, este construye todo un imperio y este con el paso de los años se va desvaneciendo y como consecuencia la familia trueba se desintegra lo que hace que estos se vean involucrados en difíciles situaciones familiares.
Mario Vargas Llosa- Conversación En La Catedral
Una obra llena de pesimismo, la historia se desenvuelve en un bar llamado la catedral en el cual dos individuos comienzan a entablar conversaciones pesimistas acerca del régimen militar sus vidas o política.
Arturo Uslar Pietri - Las Lanzas Coloradas
Este libro relata acontecimientos de la guerra de independencia venezolana.
Jorge Luís Borges
Este autor no sólo escribe libros sino también poesías, ensayos, y cuentos. Unas de sus principales obras fueron: Cuaderno San Martín, Para las seis cuerdas, La moneda de hierro, El jardín de senderos que se bifurcan, La muerte y la brújula, El tamaño de mi esperanza, y Libro de sueños.

REALISMO MÁGICO UNIDAD III




 

                                            Origen del Realismo Mágico


El Realismo Mágico es la respuesta iberoamericana a la literatura fantástica de mediados del siglo XX. El realismo mágico, es una característica propia de la literatura latinoamericana de la segunda mitad de siglo XX que funde la realidad narrativa con elementos fantásticos y fabulosos, no tanto para reconciliarlos como para exagerar su aparente discordancia. El reto que esto supone para la noción común de la “realidad” lleva implícito un cuestionamiento de la “verdad” que a su vez puede socavar de manera deliberada el texto y las palabras, y en ocasiones, la autoridad de la propia novela.

Nace a raíz de las discrepancias surgidas entre cultura de la tecnología y cultura de la superstición, y en un momento en que el auge de las dictaduras políticas convirtió la palabra en una herramienta infinitamente preciada y manipulable.



Si bien esta tendencia a fundir lo real con lo fantástico ya existía en las obras de novelistas de todos los tiempos, principalmente en escritores como François Rabelais y Laurence Sterne; otros precedentes más inmediatos pueden ser las novelas del ruso Vladimir Nabokov o del alemán Günter Grass.

El realismo mágico floreció con esplendor en la literatura latinoamericana de los años sesenta y setenta, a raíz de las discrepancias surgidas entre cultura de la tecnología y cultura de la superstición, y en un momento en que el auge de las dictaduras políticas convirtió la palabra en una herramienta infinitamente preciada y manipulable. Al margen del propio Carpentier, que cultivó el realismo mágico en novelas como Los pasos perdidos, los principales autores del género son Miguel Ángel Asturias, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y, sobre todo, Gabriel García Márquez. Las novelas de este último, Cien años de soledad (1967), El otoño del patriarca (1975) y Crónica de una muerte anunciada (1981) siguen siendo obras notables del género.

El Realismo Mágico no es una expresión literaria mágica, ya que su finalidad no es la suscitar emociones sino más bien expresarlas, y es por sobre todas las cosas, una actitud frente a la realidad. La estrategia del escritor pasa por sugerir un clima sobrenatural sin apartarse de la naturaleza, deformando para ello la percepción de las cosas, los personajes y los acontecimientos reconocibles de la trama de su trabajo.
Los personajes presentes en las obras de esta corriente de vanguardia, suelen tener viajes no de tipo físicos como los que sufren los personajes de las obras criollitas para dar un ejemplo, sino que estos cambian de espacios y tiempos desde sus pensamientos y estados oníricos.




http://es.wikipedia.org/wiki/Realismo_mágico



El Realismo Mágico proyectado en la Novela Como Agua para Chocolate


El Realismo Mágico es una característica de la literatura latinoamericana, la cual se concentra en fundir la realidad y la magia de tal manera que parezca creíble ante los ojos de quien lo ve. Como Agua para Chocolate, es una novela, de la autora mexicana Laura Esquivel, que refleja dicha característica a lo largo de su trama.

Recordando que el Realismo Mágico refleja a través de su fantasía toda una serie de supersticiones, creencias populares y religiosas que son propias del sentir latinoamericano, es como ahora se evalúan algunas de las características de la novela de tan destacada escritora mexicana, Laura Esquivel.

Como Agua para Chocolate tiene como contexto histórico la época revolucionaria, y por lo tanto el Porfiriato. Esta novela, que pretende ser un recetario, es en verdad la historia de un amor que se ve imposibilitado por las creencias y costumbres de la época y el lugar.

El sentir y pensamiento latinoamericano, se plasman de manera notoria cuando a Tita, el personaje principal, se le impide contraer matrimonio, ya que por ser la menor, tiene la responsabilidad de cuidar de su madre, hasta que esta muera. Dicha creencia o costumbre popular era frecuentemente seguida al pie de la letra en países como el nuestro (México) a partir del siglo XX.

En las obras más representativas del Realismo Mágico, es también frecuente encontrar esa persona “sabia” que aconseja a los personajes sobre qué o cómo hacer algo. En la novela que está siendo evaluada, notamos claramente este tipo de personas en el personaje de “Nacha”, la cual, aún después de muerta, visitaba a Tita para aconsejarla sobre sus acciones, e incluso sobre las recetas que debía preparar.

En esta misma obra, y a lo largo de las recetas que se van mencionando, sobresalen características notables de esta estrategia narrativa. Así, vemos como ejemplo, cuando una lágrima de Tita es derramada sobre el pastel de bodas y por lo tanto cuando lo están comiendo, todos los invitados lloran. Un ejemplo más es cuando Tita cocina un platillo con las rosas que Pedro le había regalado con mucho amor y como consecuencia, después de comerlo, todos estaban muy románticos.

Un ejemplo más, podemos encontrarlo la analogía que se hace entre los cerillos y el amor, esto es cuando se dice que el amor son como cerillos que deben encenderse uno por uno, ya que una fuerte emoción podría causar un desastre. Esto, en teoría, suena lógico, lo irreal lo hallamos, cuando al final de la historia, Tita y Pedro en su acto de amor, “se incendian” causando la muerte de Pedro y el suicidio de Tita.

Éstas y otras características más, propias del Realismo Mágico, son las que se encuentran en la novela Como Agua para Chocolate, donde se halla la inclusión de hechos fantásticos o míticos en la realidad para dar una apariencia realista.